Roberto conoce a Ana, su secretaria.

Inmueble donde se situaba el despacho de Ana.
En un piso situado en este inmueble de la calle Segre en Madrid se encontraba el despacho de abogados donde Ana protagonizó su historia.

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Hola de nuevo. En esta entrada voy a hablaros de Ana. Las circunstancias en las que conocí a esta chica fueron especiales. Tras acabar mi carrera en la facultad de Derecho de forma bastante brillante, estuve intentando sacar unas oposiciones de las consideradas duras. Cinco ejercicios entre teóricos y prácticos. En una convocatoria me suspendieron en el quinto, algo inusual, y en la siguiente me apartaron en el cuarto. Pensé que en todo aquello había una especie de mano negra, o simplemente, como no tenía ningún grado de parentesco con nadie del cuerpo funcionarial de élite del que aspiraba formar parte, decidí, ya hastiado psicológicamente, dar carpetazo, impugnar judicialmente esas oposiciones y acudir a tal fin a un despacho de abogados, dirigido por uno de mis exprofesores en la facultad.

Edificio de nuevos ministerios de Madrid
Roberto sintió una tremenda frustración a no conseguir su objetivo de aprobar unas oposiciones para formar parte de la élite de la Administración. Muchos años de esfuerzo, con privaciones a nivel personal sin el fruto deseado le produjeron una tremenda desazón.
Ana fue una persona nueva que cambió a Roberto en sentido positivo, incorporándole a una vida sexual plena y sana. Sin embargo, Ana tenía también una mente inestable debido a su anterior divorcio, y al final la situación fue dolorosa para ambos a nivel personal. Roberto se lamenta al final de este post por el hecho de no haber recurrido quizás a la ayuda de alguien dentro del mundo de las escorts de Madrid, con quien hubiera tenido las mismas inquietudes, ahorrándose muchos problemas emocionales.

Lo que pasó en la parcela legal o profesional, es lo de menos, y no tiene sentido seguir contándolo en este blog. Simplemente apunto dos detalles. A ese despacho acudí con mi padre, que en paz descanse, porque mi estado de depresión me impedía hacer cualquier cosa en solitario. Mi exprofesor nos atiende de forma muy amable. Al percatarse de mi expediente académico brillante y de la experiencia que sin duda tenía acumulada como opositor me dice que se hace cargo de la impugnación de la oposición (algo que dicho sea de paso, fue rechazado por algún otro despacho a quien consulté), a cambio de que me una a su Despacho como pasante, colaborador, becario, o como queramos llamarlo. Yo acepté encantado, porque de forma inmediata recuperé la ilusión por hacer algo, y salir del círculo de estar encerrado estudiando, y debo decir que gracias a esa situación, encaminé mi vida profesional con cierto éxito.

Dicho sea lo anterior, lo cierto es que al dia siguiente me llama del Despacho una tal Ana, diciendome que era una de las secretarias del mismo y que se ponía a mi disposición para ayudarme a preparar la impugnación de mi suspenso en las oposiciones. Quedo por teléfono con ella en el despacho y me pongo en marcha.

El despacho, hoy disuelto, pero con sus miembros aún en activo cada uno por su lado, estaba situado en una zona aledaña al Santiago Bernabeu. Tenía como cabeza principales a dos socios, mi exprofesor de Facultad, otra socia, y otros tres abogados (dos hombres y una mujer), cada uno en diferentes parcelas, y como secretaria y auxiliar, estaba Ana. Una chica que por aquél entonces tenía 28 años, uno,más que yo, que acababa de separarse de su marido, bastante pija y con muy buen gusto vistiendo, que se casó con apenas 19 años, y que disfrutó en su matrimonio de un alto nivel de vida. El desencadenante de su fracaso matrimonial, fue, al parecer el hecho de que un quiste en un ovario motivó que tuviera que ser extirpado. Con un ovario solamente, tenía dificultades en quedarse embarazada, algo que al parecer su marido no pudo superar, y determinó una infidelidad por parte de él que rompó la relación. Básicamente, aceptó ese trabajo de secretaria, más por terapia, por mantenerse ocupada que por necesidad económica.

Ana Gonzáles era una chica de Madrid que no llegó a trabajar como escort, pero que enseñó muchas facetas del sexo a Roberto.
Ana era una chica de complexión delgada. 165 de estatura que había disfrutado de un alto nivel de vida estando casada. Con Roberto tuvo una relación muy intensa de mucha sensualidad, al menos durante los primeros seis meses. Posteriormente ella jugó un juego de dobles amores que Roberto no fue capaz de encajar.

Se dió además una circunstancia. Esa chica me conocía de vista. Vivía en mi barrio, y decía que me había visto varias veces, aunque yo a ella no la recuerdo. El caso es que ese mismo día me acercó a mi casa, entonces de mis padres, y varios dias además me recogía en casa para ir al despacho y viceversa. Conducía un coche bastante chic para la época, un rover mini metro de color rojo, y vestía de forma que no tenía que envidiar a ninguna IR girl de hoy en día.

El caso es que inconscientemente me sentí atraido hacia ella, aunque por mi parte no tenía claro su feedback. En ese despacho comiamos todos los miembros juntos muchas veces, y la verdad, siendo un recién llegado, me consideraron como uno más.

Con frecuenbcia gastábamos bromas en los que el sexo salía a relucir. No sé por qué en una de sus bromas yo era el protagonista, en una especie de órdago que medio en broma me lanzó para que tuviéramos sexo en el coche. Después de ese día, por la tarde, yo la llamé por teléfono a su casa, se puso, y le dije si seguiamos con la broma o no. Ella me dijo que si quería hacerlo en un Rover (su coche). Yo le dije que claro. Bueno…evidentemente ambos nos estábamos vacilando y siguiendo el juego. La cosa al principio quedó en que pasaba a por mí y tomábamos algo. Era la primera vez, que quedábamos a tomar algo, al margen de nuestros quehaceres en el despacho.

Coche de Ana
Este era el coche de Ana en el año 1992. Aunque en el Reino Unido era un utilitario básico, en España se vendió en sus versiones más avanzadas. Era un coche pequeño, pero con motor muy potente y que hacía las delicias de las iñas chic. Ana cuidaba mucho su imagen y el coche formaba parte de ella. En este vehículo, Roberto y Ana tuvieron besos, sexo y encontraron en él la intimidad necesaria cuando no disponían de otras opciones.

No recuerdo muy bien de qué hablamos. Básicamente dimos un repaso a cada miembro del despacho, sus cotilleos, su vida. El caso, es que al final, cuando nos metimos en el coche, yo le insinue que si quería hacerlo. Ella no dijo ni sí ni no. Traté de acariciarla, ella accedió, y empezamos a besarnos, le puse la mano e la pierna, ella no la retiraba, seguía besándome y de repente de una manera brusca, dejándome descolocado, se aparta dejándome completamente chafado. Me sentí mal, incómodo, como si hubiera provocado una situación indeseada. Ella tampoco dijo gran cosa. Simplemente que no podía seguir y nada más, pero tampoco me reprochó nada. Fui yo que me tomé su actitud como un reproche. No entendía bien el hecho de que hubiera estado varios dias con bromas, insinuaciones, directas e indirectas, que incluso me siguiera el juego y justo en el momento oportuno de forma abrupta se aparta, sin decir nada.

Me dejó en mi casa, ella se fue, y simplemente yo me dije a mí mismo que pasaría página, y que me limitaría a ir al despacho ha hacer mis cosas, y tendría con ella una actitud simplemente profesional, y mantendría las distancias. Esa fue mi determinaión.

La realidad es que así hice, y ella también aparentemente se limitó a tener una actitud profesional, cordial y distante, como si nada hubiese pasado, y así fue durante las siguientes semanas.

La realidad fue que poco a poco fui descubriendo que Ana, era una persona con la autoestima muy baja, y que tenía relaciones y aventuras cruzadas con mi exprofesor, fundador del despacho, casado, y otro de los letrados que a su vez era pareja de una de las abogadas del mismo. Ella, una tal Concha, sospechaba de la situación, y en un ataque de celos e ira, cuando no pudo más, le expone al fundador del despacho, mi exprofesor, su decisión de abandonar el mismo, porque no soporta la actitud de Ana. Ante tal situación, se decide por el despacho dar unas vacaciones a Concha para que se calmase. Mi ex profesor tenía una cita importante en Florencia, en una convención de abogados europeos. Decide cancelar su asistencia, pero me pide a mí que vaya en su lugar. Mis conocimientos de idiomas me avalaban para ello. Y decide que Ana me acompañe, con el fin de apartarla de momento del despacho y calmar un poco la situación. Así de repente, nos vemos Ana y yo en una situación en la que nos vamos juntos a Italia durante tres días, y con una situación de tensión sexual no resuelta.

Cada uno teníamos reservada nuestra propia habitación. Y la verdad que durante la primera noche, yo cumplí con el protocolo profesional y nos despedimos hasta  las siete del dia siguiente para desayunar.

Gubbio es una ciudad italiana que tiene todo lo necesario para que una pareja tenga sexo de forma relajada, siempre y cuando una de las personas sea una escort en Madrid.
En la ciudad italiana de Gubbio, se celebraba una convención de abogados a la que Roberto acudió acompañada de Ana. Cerca de Florencia en coche, constituía un marco incomparable para que ambos desataran la pasión que en el fondo escondían. Sin embargo nada pasó en realidad. Roberto se volvió a Madrid frustrado y Ana tenían su mente en los problemas dejados en Madrid por haber estado “follando” con dos letrados y casi haberlo hecho con un tercero. Con el Despacho a punto de romperse, tenía la mente demasiado ocupada para meterse en más líos con Roberto, quien por ser nuevo se sentía ajeno a todas las situaciones. Lo único que garantiza que un viaje a un paisaje idílico terminará en relaciones íntimas, es viajar con una escort, ya que su gusto por el sexo y las situaciones íntimas garantizan que cualquier viaje será acompañado de un recuerdo inolvidable.

Al dia siguiente yo me levanté, y llamé a la puerta de la habitación de Ana, porque no aparecía en el vestíbulo del hotel. Ella se levantó, abrió la puerta de la habitación a oscuras, y volvió a meterse en la cama. En esa situación, yo, vestido me tumbé a su lado y empecé a acariciarle el pelo, a besarle el cuello, pero ella permanecía inerte, dormida o haciéndose la dormida, dándome la espalda. Por más que lo intenté, no fui capaz de que me correspondiera. Desistí, y le dije que me iba a la reunión, que luego si se despertaba, contactara conmigo. Acudió por la tarde a la reunión, se limitó a trabajar, y mantuvo una actitud distante. No entendía y me desconcertaba su comportamiento, de querer atraerme y pararme a la vez. Y yo decidí no entrar en ese juego. Harto, yo también guardé las distancias y me limité a trabajar y poco más.

Ya en Madrid, la situación de Ana en el despacho se tornó imposible. Mi exprofesor le dijo que había una situación muy difícil, que lo entendiera, pero que no podría continuar. Ella no necesitaba el dinero, y decidió dejar su trabajo. En el fondo yo me sentí aliviado también. La realidad fue, sin embargo que a los dos o tres días, y teniendo en cuenta que éramos vecinos, la llamé para ver qué tal estaba y si quería tomar algo. Empezamos a quedar con regularidad. Ella añoraba el despacho y sobre todo el subidón de autoestima que le produjo el hecho de haber cautivado a tres abogados del mismo incluida mi persona. En el fondo estaba muy enojada con uno de ellos porque le ocultó que a su vez tenía una relación con otra letrada del despacho. Ahora entiendo también el hecho de que se mostrase conmigo como se mostró. Entre nosotros fue surgiendo una complicidad. Yo estaba enamorado de ella, y evidentemente a ella yo empecé a gustarle.

Un día que mis padres estaban fuera de viaje, quedamos en mi casa. En aquella época no había ni netflix, ni descargas de películas por internet. Usábamos cintas de video. Me propuso si veíamos una película juntos. Ella trajo la película Frenético de Harrison Ford.

Fotograma de la película Strange
Este baile y esta canción de la pelécula Frenético será recordado siempre por Roberto. Su primera experiencia sexual surgió mientras estaban viendo esta película, y Ana se inspiró en el contoneo de la actriz para mostrarse de esa misma forma sexual con Roberto. Una escort no lo habría hecho mejor.

La vimos, y mientras estabábamos en el sofá, con la complicidad de la oscuridad, empezamos a besarnos, y acariciarnos. Entendí que en esa situación no iba a pasar lo que en ocasiones anteriores. Ella estaba implicada, sensual. Le desabroché su camisa, descubrí su delicadísima lencería, al parecer carísima de la marca Triuph, de un tacto que nunca he vuelto a ver. Poco a poco y mutuamente nos fuimos desnudando, y en el sofá, de lado seguimos acariciándonos, y me preguntó si quería hacerlo. Yo le dije que sí. Me puse encima…y traté de acomodar mi pene en su vagina…mi falta de práctica en la penetración hacía que para mí consumar esa hazaña fuera como enchufar de primeras un USB sin mirar. La realidad es que ella de forma muy delicada tomó mi pene y se lo introdujo en su vagina, la cual casi no podía sentir, por lo lubricada que estaba con su flujo. Sin duda ella estaba muy excitada. Puedo decir que por primera vez, penetré a una chica, y me llamó la atención que no sentía ninguna opresión. Con Alicia era imposible que mi pene entrara, y con Ana era una sensación de facilidad alucinante.

Me concentré para durar al máximo. A continuación ella me dijo que quería ponerse encima. Nos dimos la vuelta. Volvió a introducir mi pene en su vagina y empezó a cabalgarme muy suavemente. En esa situación, perdí el control de mi eyaculación y me corrí dentro de ella. Al sentír que me corría ella se movío encima de mí con más contundencia como un acto de afirmación sobre mis deseos de no correrme y el deseo de ella de que lo hiciera. Mi sensación fue extraña. Buena, pero a la vez preocupado…No me había puesto preservativo. No me preocupaba su salud sexual. No era una chica promiscua. Me preocupaba que la hubiese dejado embarazada, algo que a ella no le supondría un problema, seguramente, pero a mí, aún viviendo con mis padres y procedente de una familia con un entorno muy tradicional y conservador, sería mi ruina. Ello me bloqueó, y dio lugar a que después de que me corriera, en lugar de abrazarla, yo me recliné hacia detrás y ella hizo lo propio, y nuestros cuerpos se separaron. Aunque justo cuando yo me estaba corriendo, después le dije un “Te quiero”. La situación terminó. Cogió el video de la película, la acompañé al coche y marchó a su casa.

Al dia siguiente, por la mañana me llamó. Me preguntó donde estaba. Le dije que en la oficina de mi padre. Por aquél entonces, por la mañana siempre iba al negocio de mi padre a echarle una mano y por la tarde al Despacho de abogados. Era ya cerca de las dos. En la oficina iba a quedar yo solo, y me dijo que estaba por la zona y si podía subir. Yo le abrí la puerta. Me dijo que daba la casualidad que había quedado con una amiga y que estaba cerca. Yo creo que eso fue una excusa. El caso es que ella se presentó, y aprovechando que estaba solo, empezó a besarme. Yo me senté en un sillón de oficina y ella encima mío. Me preguntó si era verdad que yo la quería y le dije que sí. Y empezó a besarme. Empezó a desnudarme, yo también a ella, y sentada encima de mí tuvimos sexo de nuevo, con una facilidad pasmosa para penetrarla, con su vagina llena de flujo, y volví a correrme de nuevo. No me preocupó si tenía condón o no. La situación me sobrepasó. Nos vestimos, tomamos algo rápido. Yo tenía que ir al despacho de nuevo a trabajar y ella se fue a su casa.

Seguimos quedando y teniendo citas y relaciones. Era una relación muy intensa. Duró seis meses. Ella sin trabajo, me dijo que quería irse unos meses a California a perfeccionar su ingles. Corría el año 1992. En enero de 1993 tomó un avión y se fue sin fecha de vuelta. Hablamos de que yo iría a verla, etc. La realidad es que su salida no me sentó mal. En mi mente yo necesitaba un respiro para ordenar mis ideas. Ella me gustaba, pero no la veía como la persona de mi vida, y psicológicamente acepté bien su marcha. Pensé que tendría así la opción de continuar o dejar que las cosas se enfriaran.

Mapa de Estados Unidos
Ana vive ahora en Estados Unidos. Se fue de España de forma provisional en 1993, y regresó definitivamente dos años después. Allí tiene una vida aparentemente placentera con su marido. Sin embargo, nunca dejó de pensar en Roberto a quien llegó a confesar que seguía queriendo. En el año 2001 en una visita a España, mientras su marido estaba de compras, ella buscó una excusa para tener un encuentro furtivo con Roberto. Tuvieron sexo, y fué la úlrima vez en que ambos se vieron fisicamente.

En aquella época no había ni internet, ni redes sociales. O nos escribamos cartas, o nos llamábamos por teléfono, en una época en que las llamadas internacionales a través de teléfonos fijos eran prohibitivas. La realidad es que la situación se enfrió. En mayo de 1993, después de una llamada me dice que parece que le hablo como un locutor de telediario, sin sentimiento y que lo deja. Yo en sese momento me sentí normal. Colgué y decidí olvidar a Ana. Coincidía en su diagnóstico. Me había desinflado.

Un mes después la llamé. Empecé a echarla de menos, y ella aparentemente accedió a retomar la comunicación. Después del verano de 1993, decidió regresar a España. Me surgieron deseos de volver a verla y de comenzar o seguir la historia. Cuando volvió estuvo muy fria conmigo. Después de una cita no pasó nada, y me dio a entender que todo había cambiado y que incluso había conocido a un yankee.  En realidad había vuelto porque su padre había fallecido. El yankee en cuestión al parecer perdió su trabajo porque se cogió vacaciones para venir a España a verla. Yo por mi parte, con el fin de conseguir centrar su atención sobre mí, hablé con mi padre y entró a trabajar en su empresa. Durante esa época llegó a decirme que en realidad quería al yankee y a mí. A los dos a la vez. Yo pensé que se olvidaría del yankee y que se centraría en su vida en Madrid, y poco a poco además volvía a estar cariñosa conmigo. Nos volvimos a besar. No volvimos a tener una situación de sexo con penetración, pero una vez en el coche, me hizo una de las mejores mamadas que nadie me hizo en mucho tiempo, algo que nunca ella me había hecho.

Sin embargo, de repente de un día para otro, me comunica que se va a vivir a EEUU con el yankee. A mí esa situación me desestabilizó emocionalmente y me causó gran dolor. Cuando tuvo todo preparado se fue. Nos despedimos bien. Le regalé de despedida unos pendientes. Incluso ella me llamaba los primeros meses desde allí. Sus llamadas me incomodaban. No entendía si se había marchado a vivir allí con el yankee, que me siguiera llamando. En su última llamada yo le dije que se iba arruinar por llamarme, y ella me aseguró que aunque estuviese mal de dinero, tenía lo suficiente para una vez al mes llamarme y hablar. Esa determinación me inquietó, y le pedí que esa fuera la última llamada. Que para mí no era agradable y que tenía que tener mi mente despejada en centrarme en otra persona. Ella de mala gana me respondió que de acuerdo, y que lo único que quería era hacerle daño.

Ana, chica de Madrid
La Plaza de España con la Torre de Madrid a la izquierda de la imagen. En la planta 21 estaba situado un apartamento By Hours que Roberto alquiló en su última cita con Ana. Ella no era una escort, pero sin duda Roberto preparó ese encuentro con la idea de tener sexo, algo que al final ocurrió.

Transcurrieron muchos años sin saber nada el uno del otro. La realidad es que en el año 2001, estando yo ya casado recibí una llamada a mi oficina, y era ella. Me dijo que siempre había sentido curiosidad por como etaba yo, y que iba a ir a España de visita y que le gustaría verme. Nos dimos el email. Empezamos a mandarnos correos, y hablar del pasado. Ella se reiteraba en que amaba a su marido, pero que me seguía queriendo. Cuando vino a España un mes de mayo del año 2001 nos vimos. La recogí en mi coche en plaza de España, y aparqué en el parking público allí situado. Antes había alquilado una habitación byhours en la Torre de Madrid, y lo hice pasar por un inmueble de mi propiedad. Esa habitación tenía unas vistas imponentes. Subimos allí, contemplamos las vistas, y nos besamos. Empecé a hacer ademán de seguir, acariciándola, y ella se apartó. Me dijo que se sentía mal que había quedado con su marido en dos horas. Le dije que vale, que bajábamos, tomábamos algo y éramos buenos chicos. Cuando nos dirigíamos a la puerta, me coge la mano, me la pone en su pecho, y yo hago ademán de volver a besarla. Ella se aparta y me dice que no siga, y yo desconcertado de lo que estaba pasando, la agarro con fuerza, la siento en la cama, le tapo los ojos con la mano izquiera mientras con la derecha desabrocho su camisa, abro la cremallera de su falda y la tumbo en la cama, ella resistiéndose aparentemente. Yo dudo en ese momento. Me dice que soy un cabrón, y que termine…sin quitar sus bragas, por un lado coloco mi pene sobre su vagina. Estaba completamente húmeda. Con una de sus manos ella lo introduce plenamente. La situación es de tal excitación que no duro mucho tiempo. Me corro. Aún asi, no saco mi pene, y continúo moviéndome y ella grita de placer llegando al climax.

Ella se echó a un lado de forma brusca, y vistiéndose salió rápido de aquél apartamento y no la volví a ver fisicamente. Volví a escribirle varios mails preguntándole como estaba. Me dijo que estaba genial, pero que se sitió violenta porque le estaba esperando su marido, pero que estaba genial. En sucesivos emails, yo empiezo a preguntarle por lo que había experimentado. Me intereso por su vida. Le digo si es feliz. Pasa a una etapa en la que empieza a hacer ostentación de su aparente felicidad, ocultando sin duda una situación de amargura interna. Llegó un momento en que perdimos el contacto. A ella le incomodaba que yo cuestionara su felicidad y a mi que ella hiciera ostentación de ella.

Así acaba esta historia, una de tantas, y sin duda de lo más normal. La realidad es que si hubiera descubierto en aquella época el mundo de las escorts en Madrid, hubiera tenido una mente más sana, sin esta comedura de coco con esta chica, que tuve. Si tenemos una fantasía sexual…mejor quedar con una escort y realizarla. Tenemos de forma rápida lo que queremos, cuando lo queremos sin problemas. Ana era una chica que me hizo sentir bien sexualmente, pero a base de retorcer mi mente, de muchos regalos, y sobre todo a base de desestabilizarme personal y profesionalmente. Por esa chica yo creo que simplemente estaba “encoñado”, y poco más. Me hizo daño. Me utilizó, se rió de mí, jugó, estaba loca, o yo también lo estaba. La realidad es que si hubiera conocido en aquella época a una escort, ni hubiera tenido necesidad de verla cuando vino de EEUU diciéndome que se había enamorado de un yankee, ni me hubiera rebajado a ser su segundo plato, y por supueto, esta ultima cita extraña, estando yo casado y ella con su marido no se hubiera producido.

Tener una cita con una escort en Madrid, puede estar mal visto, o considerarse una frivoilidad. Yo creo que en determinadas situaciones en las que psicológicamente estamos sobrepasados es mejor opción que tomar antidepresivos o simplemente, cometer las estupideces que yo cometí con esta mujer.

Un saludo cordial a todos/as.

Roberto.

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